RÍO DE JANEIRO.- Las elecciones de mañana, de las que resultará el sucesor de Luiz Inácio Lula da Silva en la presidencia de Brasil, reflejarán en gran parte el punto de vista de una nueva e importante fuerza social: los cerca de 30 millones de personas que, en la última década, dejaron de ser pobres, comenzaron a formar parte de la clase C y se sumaron al mercado de consumo.
El ascenso social en este país, de más de 191 millones de habitantes, se reflejó en un rápido aumento en las ventas de productos tales como reproductores de DVD, televisores, autos, teléfonos móviles, alimentos y materiales de construcción para reformar, ampliar o construir viviendas.
Una investigación del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) reveló que tres de cuatro brasileños viven hoy en casas propias, y la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) pronosticó que en diciembre habrá en Brasil más teléfonos móviles que habitantes.
Esta legión de nuevos consumidores fue vital para que Brasil atravesara sin graves traumas la crisis financiera internacional ya que se mantuvo la economía en actividad inclusive en el momento más agudo de las turbulencias y es también la fuente del llamado feel good factor (el factor sentirse bien) que impulsa la postulación de la lulista Dilma Rousseff.
Según el coordinador del estudio, el economista Marcelo Neri, con la entrada de los nuevos emergentes los brasileños con ingresos mensuales equivalentes a entre U$S 655 y U$S 2.822 suman hoy 94,9 millones de personas, lo que representa más de la mitad de la población del país.
Pese a que apuntó que no se trata de un grupo monolítico, Neri destacó que podría decidir solo una disputa electoral.
El politólogo César Romero Jacob considera que la gratitud al gobierno de los que lograron ascenso social durante la gestión de Lula tiene un peso decisivo en estas elecciones, y recuerda que el grupo de los agradecidos no incluye sólo a la nueva clase media, sino también a los estimados 45 millones de beneficiarios del programa Beca Familia, que concede ayuda financiera social a los más pobres. Según Jacob, se trata de un fenómeno similar al que ocurrió en los comicios de 1994, cuando el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) logró que fuera elegido presidente Fernando Henrique Cardoso, quien meses antes había logrado éxito en eliminar la hiperinflación al dictar el Plan Real de estabilidad.
"El Beca Familia propicia una mejoría general en la vida de la gente, que se queda agradecida. Como el programa está asociado a Lula, puede haber un voto de gratitud a él, tal como hubo voto de gratitud a Cardoso a raíz del Plan Real", comparó Jacob.
La empleada doméstica Cícera María da Silva es un reflejo del voto por Rousseff como expresión de gratitud al actual gobierno.
"A mí me gusta Lula. Creo que él hizo muchas cosas por nosotros, los pobres. Nuestro salario aumentó, han hecho mejorías en mi barrio y gracias al crédito pude comprar un televisor, una nevera y muebles nuevos para la casa y una computadora nueva para mi nieta", dijo la mujer, de 55 años. Según Jacob, a lo largo de los últimos años, tanto el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, como su principal rival, el PSDB de Cardoso y del candidato opositor José Serra, se movieron hacia el centro, por lo cual la disputa electoral de este año no incluye batalla ideológicas. "Si no hay ideología en juego, la gente vota por el bolsillo, lo que no es ilegítimo. Hay menos pasión política, pero esto ocurre también en los países desarrollados", afirmó.

Últimas actividades
Tras el debate televisivo de anoche, Rousseff y Serra coincidirán en realizar sus últimas actividades de campaña en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, donde todo candidato que ganó la presidencia ganó allí.
Minas Gerais es el segundo distrito electoral del país, con 14,5 millones de electores que representan el 10% del total del país, detrás de San Pablo, que reúne un 23%. La legislación brasileña permite la realización de caminatas o caravanas hasta el día previo a la elección, aunque veta la posibilidad de hacer discursos o proselitismo en sus distintas formas.
Lula dijo ayer no influirá en el balotaje la sugerencia del papa, Benedicto XVI, para que el clero intervenga en política cuando se debatan temas condenados por la Iglesia, como el aborto. "Este es un país democrático, laico, por lo tanto las personas pueden manifestarse de la forma que quieran", afirmó y agregó que las declaraciones del Papa no son ninguna novedad. En cambio, Serra festejó la sugerencia del pontífice, que coincide con sus acusaciones contra Rousseff: "para el mundo es bueno escuchar esto, la defensa de la vida", dijo. (Reuters-Télam-DPA)